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Los prejuicios sobre la PrEP

Una sola relación sexual o la primera, sin protección es suficiente para que una persona adquiera el VIH. La PrEP es una herramienta más de las que han probado una alta eficacia en prevenir el VIH, recomendado sobre todo para personas con una vida sexualmente activa, perteneciendo a algunas poblaciones mas vulnerables, donde se concentra la epidemia. 

 

Es difícil de pensar que una herramienta de prevención fomente y promueva un comportamiento sexual determinado, el tener más relaciones sexuales. Si así fuera, no hay nada malo en esto, sobre todo si el buen uso de PrEP y condones las hacen relaciones más protegidas.

La PrEP aumenta los casos de Sífilis:

Existen más mitos que evidencia sobre que el uso de la PrEP aumenta los casos de Infecciones de Transmisión Sexual (ITS), por mencionar las más comunes la Sífilis y la Gonorrea. La aparición de las ITS en personas que usan PrEP sería causada por el uso de la PrEP sóla, y sin condones. Las recomendaciones internacionales hablan de paquetes de prevención combinada. 

 

En el caso de una persona, que sabe que no tiene el virus, si va utilizar la PrEP debe también utilizar preservativos. Además, concurrir habitualmente a un servicio público o privado a realizarse las pruebas para detectar la presencia de las ITS o ante la aparición de síntomas. No se puede comparar el impacto en las personas de la infección por una ITS con la del VIH. Unas son en su mayoría curables, las otras sólo tratables, pero de por vida.

 

La PrEP medicaliza la vida de las personas y es un negocio:

 

Existe la idea que todo abordaje que incluya medicamentos es una visión de la salud sesgada por un abordaje biomédico. Y la respuesta es que si, es un abordaje biomédico, que previene adquirir un virus. Aún cuando se comercialicen en forma libre, los condones son un insumo médico también.

 

Seguramente conoces algunas personas que toman en forma crónica medicamentos para controlar la presión arterial, prevenir infartos, los síntomas de la diabetes, entre otras, lo que implica una o más pastillas todos los días de su vida. 

 

No hay ningún medicamento o tratamiento “natural”, “alternativo” u homeopático para prevenir o tratar el VIH. Detrás de todos los medicamentos hay un interés comercial, de las empresas farmacéuticas, entre otros actores, pero ten por seguro que la industria farmacéutica se beneficiará más con la venta de tratamientos a personas con VIH, que con la prevención. Hay muchos gobiernos y organizaciones de la sociedad civil que trabajan para contener los precios, cuestionar las patentes y para promover un mejor acceso a medicamentos genéricos de un menor costo.

 

Los países y sus ciudadanos no pueden enfrentar los costos de la PrEP:

 

Esta idea surge de las serias dificultades que afrontan muchos países, sobre todo los menos desarrollados, en asegurar el tratamiento y cuidado de las personas que viven con el VIH (los medicamentos antirretrovirales y el monitoreo de la infección).  A los precio de mercado, es claro que la gran mayoría de las personas no podrán comprar la PrEP en una farmacia.

 

Pero para un sistema de salud, más allá del aspecto humano, es más costoso una persona enferma, que una persona que requiere apoyo para mantenerse sin el virus. 

 

En muchos de nuestros países, el derecho a la salud, está consagrado como un derecho humano en la Constitución Nacional o la ley, y obliga a los gobiernos a actuar como los principales garantes de este. La salud no es tratar y curar al enfermo, sino también y sobretodo prevenir el desarrollo de cualquier enfermedad, e incluye también contener el contagio de infecciones transmisibles. 

Desde que la PrEP se está utilizando en varios países del mundo, han surgido una serie de comentarios públicos, algunos de los cuáles no tienen ningún sustento real, pero un alto efecto negativo. A continuación mencionamos algunos:

 

La PrEP promueve la promiscuidad sexual:

 

La promiscuidad sexual es un término incorrecto y prejuicioso que busca caracterizar a determinadas personas y poblaciones, por ejemplo a los hombres gays, como personas con un comportamiento sexual desenfrenado.

 

¿Qué es mucho sexo? ¿Quién lo define?

 

Son algunas de las preguntas que muestras un sesgo moralista. La promiscuidad sería una noción intangible y subjetiva, que juzga a cualquier persona que tiene más relaciones sexuales que aquel que usa el termino.